Sonrojante «greenwashing» en la COP25

Endesa, la eléctrica más contaminante del país, patrocinadora de la Cumbre Climática de Madrid

Da un poco de vergüenza ajena ser espectador del brutal greenwashing (medidas para limpiar la imagen ambiental de empresas poco respetuosas con el Medio Ambiente) experimentado por las grandes eléctricas y petroleras en las últimas semanas, pero que sea Endesa, la eléctrica más contaminante del país, patrocinadora de la Cumbre del Clima y portada en la prensa parece ya una tomadura de pelo.

Del postureo con las renovables de las últimas 3 décadas se pasó en los últimos dos años a un dualismo fósiles-renovables sostenido por sus criterios e intereses y en tan sólo unas semanas a la defensa a ultranza de un modelo energético descarbonizado.

Te deja el gesto un poco torcido ver se presenten ahora como las salvadoras del planeta empresas que han pasado décadas no sólo menospreciando sino incluso atacando a las renovables y, sobre todo, siguiendo teniendo activos en energías fósiles y siguiendo invirtiendo en ellos a pesar de ser ya bien conocidos sus efectos sobre el clima y sobre la salud.

No pueden dejar de venirme a la cabeza multitud de ejemplos. Como el “humor” publicitario que demostró Gas Natural (Naturgy ahora, por favor) con su campaña “gas natural, la energía más limpia de la tierra” usando un juego de palabras que pretendía confundir, poniendo el gas natural por encima de las renovables en el baremo ecológico y obviando, por supuesto, que es una gran emisora de CO2 y de metano, ambos los gases de efecto invernadero más peligrosos.

Como tampoco puedo olvidar el dualismo de Iberdrola, la cual hemos de reconocer que es una de las eléctricas españolas que más ha ido invirtiendo en renovables, pero que no dejaba de explotar sus centrales fósiles y, lo que es más desconcertante, mandaba mensajes contra las renovables hace tan sólo unos meses.

Podríamos llenar páginas enteras con ejemplos, pero por acabar ya y hacerlo en lo más alto del pódium agradezco a Endesa esta última campaña. La eléctrica más contaminante del país, la empresa que por su historia y músculo debería haber liderado el movimiento que nos alejara del abismo climático y la injusticia energética pero que incomprensiblemente ha mantenido un porcentaje de producción renovable raquítico y no ha ahorrado en comentarios negativos hacia estas. Ahora ni más ni menos que patrocina la Cumbre del Clima en Madrid.

“Te deja el gesto torcido ver se presenten ahora como las salvadoras del planeta empresas que han pasado décadas no sólo menospreciando sino incluso atacando a las renovables”

Está claro que estas empresas ya han constatado que la población queremos ir en otro sentido y ahora que se quieren apuntar al carro es comprensible la tentación de castigarlas por no haber querido variar el rumbo durante décadas a sabiendas de los perjuicios que nos estaban produciendo. Pero estamos ante el reto más importante de la humanidad. Los Homo Consciens no se deben dejar llevar por lo visceral, seamos críticos y serenos. Detrás de los nombres de estas empresas hay decenas de miles de puestos de trabajo y, muy importante, los ahorros de muchos ciudadanos.

Y es que esta es la clave: los accionistas. Las grandes empresas, al cotizar en bolsa, rigen sus decisiones en función de la psicología financiera. Hasta hace muy poco esta “mentalidad global” pensaba que las renovables no eran ni necesarias ni rentables (aunque este pensamiento se consiguiera, precisamente, gracias a presiones y desinformaciones de esas mismas empresas) y las multinacionales lo único que han hecho es seguir ese criterio general. Ahora el cambio de mentalidad se ha acelerado y ellas hacen lo propio. Es uno de los riesgos de los mercados bursátiles, que se basa más en la psicología global que en las evidencias científicas. Y eso es algo que debemos intentar mejorar si queremos transitar hacia un modelo sostenible y justo.

Por otro lado la acumulación de poder de estas empresas configura un sistema que propicia que determinados sectores comanden de facto a nuestros gobiernos, que se manipule la información, que se nos marquen las pautas de hábitos y consumo o que se siga concentrando la riqueza en manos de unos pocos. La transición debería minorar la concentración de poder de estas grandes empresas si queremos como resultado un verdadero y duradero cambio.

Precisamente la transición ecológica nos puede ayudar a configurar un sistema económico y social mejor y sería un avance importante librarnos de la dictadura de las multinacionales y la deriva psicológica de sus números y objetivos. Un sistema económico que se base en beneficios globales y no particulares. Empresas que piensen en el largo plazo y no buscando la subida en la cotización del día. Inversiones que pertenezcan a la gente y que no acumule más y más riqueza en manos de unos pocos. Ese parecería un mejor sistema para afrontar el Reto.

Pero no podemos asfixiar a las multinacionales. Tampoco podemos echar por tierra los mercados bursátiles. No sólo hay mucha gente y esperanzas detrás de ello, también nos hacen falta para hacer una transición ágil, no podemos obviar la capacidad de inversión e investigación de estas empresas y fondos de inversión.

Entonces, ¿cuál es el camino?

El camino lo podemos (y debemos) marcar nosotros, la sociedad civil, lo tenemos en nuestra mano, sólo debemos ser consecuentes con dónde invertir, a quién comprar y a quién votar.

«La transición ecológica nos puede ayudar a configurar un sistema económico y social mejor, que se base en beneficios globales y no particulares, en el largo plazo y no buscando la subida en la cotización del día, en inversiones que pertenezcan a la gente y que no acumule más y más riqueza en manos de unos pocos»

Debemos invertir y comprar en empresas éticas, donde no sólo sus servicios y clientes sino también el Medio Ambiente, sus empleados y el resto de la población tengan un tratamiento justo, equitativo e integral. Ya existe algún banco ético y están surgiendo grandes empresas que funcionan bajo estos parámetros. Esperemos que además se transformen (de verdad) algunas de las clásicas.

Además el porcentaje del peso de estas grandes empresas en la economía debería disminuir (tanto en el pasivo como en el circulante) y por ello deberíamos aumentar nuestras compras e inversiones en empresas que, respetando igualmente los parámetros de sostenibilidad que se precisan, sean más pequeñas y en aquellas que trabajen sobre otros modelos más justos, democráticos y sostenibles, como cooperativas, de economía colaborativa, de agricultura y ganadería ecológicas, de producción local/regional,… empresas que ya podemos encontrar en todos los sectores y a las que les resulta natural cumplir los criterios de sostenibilidad deseados.

No es revanchismo, es la corrección de un error. Hemos vivido varias décadas de monopolización y concentración de riqueza, ahora toca repartir y descentralizar…al menos un poco.

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2 comentarios sobre «Sonrojante «greenwashing» en la COP25»

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