¿QUEREMOS O NO QUEREMOS LA TRANSICIÓN ECOLÓGICA?

Hasta hace unos años el puente aéreo Madrid-Barcelona era el único medio para viajar rápido entre ambas ciudades. Tras mucho tiempo e inversión se logró comunicarlas por tren de alta velocidad, un medio mucho menos contaminante y en la práctica, casi igual de rápido. Con la opción del operador de consumir sólo electricidad renovable además se ha conseguido que tenga unas emisiones nulas de CO2. Y con los futuros AVLO serán accesibles a todos los bolsillos.

Parece, por tanto, que fuera el momento, como promueve el equipo de Ada Colau, de comenzar a sustituir el puente aéreo por la conexión por tren, y más si tenemos en cuenta el doble beneficio de reducir CO2 y eliminar parte de la contaminación de ambas ciudades…pero no todo el mundo lo tiene tan claro.

El uso del avión es muy intenso en producción de CO2. Sólo en este trayecto se estima en 70-115 Kg por pasajero, lo que multiplicado por los casi 2,4 millones de pasajeros anuales nos da la nada despreciable cifra de 168.000-276.000 toneladas de CO2 al año. Por ello en todos los países referentes en la lucha contra el cambio climático se está promoviendo la sustitución de los viajes de corto recorrido (ya que suponen más emisiones por kilómetro recorrido) por el uso del tren eléctrico. Nosotros ya tenemos ese tren eléctrico, pero además rápido, ecológico y, en breve, económico…¿a qué estamos esperando?

Es cierto que es una medida como para estudiarla bien, estudio que, como en Homo Sapiens siempre decimos, habrá que dejarlo en manos de los expertos. Pero una cosa es tratar la propuesta con calma y otra ponerse a la defensiva en primera instancia, como ha hecho el PSC. Idéntica actitud que los sectores empresariales afectados.

La sustitución de los trayectos cortos en avión por el tren eléctrico es un paso clave en la lucha contra el cambio climático.

No parece que el PSC (no sabemos si tampoco el PSOE) tenga claro que la transición debe suponer la modificación de muchos sectores empresariales y que habrá muchos movimientos entre la masa laboral y la estructura de las empresas, es un inevitable trauma que deberemos pasar. Y ya deberían tenerlo claro porque son precisamente nuestros gobernantes quienes deben articular los medios para que en esos movimientos queden protegidos los trabajadores y las empresas y que los cambios no dejen a nadie en el camino y la transición sea justa.

Nuestros políticos deben ser conocedores de los enormes cambios que se generarán para poner medios para realizar una transición justa. 

Por otro lado, es poco comprensible y muy desesperanzador que la excusa para no acometer la sustitución del puente aéreo por la conexión ferroviaria sean los pocos minutos de diferencia que existe entre viajar en un medio u otro. Es de justicia reconocer que a nuestros políticos les debe producir vértigo enfrentarse a una época en la que lidiarán con tantos cambios y se crearán enormes tensiones en el mercado laboral y entre los sectores económicos, pero si no sabemos renunciar a unos minutos a cambio de reducir nuestras emisiones en un centenar de kilos creo que podemos ir firmando nuestra propia carta de desahucio.

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