¿Y SI APROVECHAMOS LA CRISIS DEL CORONAVIRUS COMO EXPERIMENTO?

Vayan por delante mis felicitaciones a todos los comprometidos con esta lucha común que estamos librando contra el coronavirus, mi agradecimiento a quienes nos cuidan y nos proveen de lo necesario, mi ánimo a quienes estén luchando con la enfermedad y mis condolencias a quienes hayan sufrido alguna pérdida.

Esta situación tan especial y trascendente está teniendo (y tendrá) consecuencias sistémicas en muchos ámbitos, pero muy especialmente en los que afectan a los que tratamos en este blog: sostenibilidad, Medio Ambiente, geopolítica, economía,…o sea, la relación entre nosotros mismos y con el planeta.

Este artículo es un apunte del publicado como inauguración de este blog, es por ello que es recomendable que lean también esa publicación. Pueden hacerlo aquí.

Como decíamos en ese artículo, la era del saqueo, la del Homo Sapiens “convencional” tocaba a su fin. Que sobre las bases de la ciencia, con una conciencia real de especie y con la ayuda de las nuevas formas de comunicación tocaba cambiar la lógica de un mundo en crecimiento permanente con recursos limitados hacia un mundo sostenible y que busque la equidad y bienestar común. La situación en la que nos encontramos por el COVID-19 la podemos tratar como un experimento del que extraer muchas conclusiones.

En primer lugar nos ha ayudado a entender cómo la ciencia no falla al acotar los escenarios esperables. Desde los primeros contagios la comunidad científica ya nos advirtió de cómo se comportaría el virus según los medios que pusiéramos. Y acertó de pleno.

De la misma manera nos están advirtiendo de otros escenarios esperables, otras crisis mundiales, también con muy indeseables consecuencias, como el cambio climático, la falta de recursos, la contaminación de los mares, etc… Esta crisis vírica nos está permitiendo ver a cámara rápida la evolución y consecuencias de las crisis mundiales, y esto es realmente útil. Nos cuesta mucho ver la evolución y consecuencias de todos estos procesos porque se diluyen en el tiempo, porque nos dejan respiro entre uno y otro efecto, porque afectan a comunidades lejanas, porque afectan sólo a los más débiles y de manera lenta,… En la crisis vírica se ha concentrado en pocas semanas lo que en las crisis mundiales de las que hablamos lleva décadas. Esto nos tiene que ayudar a comprender que las crisis mundiales nos acabarán afectando a todos; que a muchos les afectará de manera muy grave; que normalmente afectará más a los más débiles pero que esos débiles podemos ser nosotros o personas (o países) cercanos y que eventualmente afectará también de manera grave a personas (o países) no débiles y que las consecuencias concretas de una crisis en cuestión afecta de manera sistémica a toda la humanidad.

La crisis vírica nos está permitiendo confirmar la validez de la ciencia y ver a cámara rápida los efectos de cualquier crisis mundial de las que nos acechan.

Más datos sobre este ensayo: el descenso en la actividad económica está suponiendo una disminución del nivel de contaminantes sin precedentes. Como si de un doble mensaje directo de nuestro planeta se tratase, este virus que ha irrumpido entre nosotros nos ha llevado al nivel de vulnerabilidad real que ostentamos y ha devuelto rápidamente la estabilidad ambiental a zonas muy degradadas, como el noreste de China o nuestras grandes ciudades. Es como si el planeta nos dijera: date cuenta de qué es lo que sobra para que haya equilibrio y qué puedo hacer yo para restablecerlo. En pocas semanas hemos podido constatar cómo nuestro Medio reacciona muy positivamente a la disminución de nuestra actividad, lo que demuestra claramente que la tenemos mal enfocada.

Además, en este punto nos está aportando un dato importantísimo: sí podemos vivir con mucha menos actividad y mucha menos movilidad. Evidentemente es un caso extremo, estamos en el límite, pero es que justo los límites nos ayudan a establecer las horquillas de datos que tenemos que tener en cuenta. Las consecuencias en la economía y el empleo de permanecer en estado de alarma actual son probablemente inaceptables, pero por el medio hay muchos estadios que pueden tener consecuencias deseables. Preguntas a las que encontraremos ahora más fácilmente respuestas pueden ser: ¿necesito realmente tener a todos mis empleados todos los días en mi centro de trabajo? ¿necesito realmente estar físicamente en otra ciudad para poder realizar mi desempeño con un cliente, proveedor, etc? ¿necesito viajar tan frecuentemente a otros países? ¿necesito comprar tantos productos?… Hemos podido experimentar los dos extremos: el anterior, en el que viajábamos y consumíamos sin límite y el actual, en el que tenemos una actividad base, en la que se asegura la alimentación, la sanidad y los servicios básicos y se permiten algunas otras actividades. Tomemos datos sobre las consecuencias sobre el Medio, la sociedad y la economía en uno y otro extremo y saquemos conclusiones, seguro que hay un punto medio virtuoso.

La reducción de la actividad al mínimo nos está permitiendo sacar datos de la situación en este caso extremo, lo que nos muestra otras maneras de hacer las cosas y datos para valorar los efectos de un estadio con una actividad humana intermedia.

El ensayo también nos está permitiendo sacar conclusiones sobre aspectos sociales. Por un lado la gran ayuda que nos pueden aportar las nuevas tecnologías de la comunicación para afrontar y superar las crisis. Aparte de transmitirnos información para prepararnos y enfrentarnos a la crisis, nos han permitido continuar trabajando o estudiando y, muy importante, crear conciencia colectiva y herramientas de solidaridad y apoyo mutuo.

Pero también nos está permitiendo extraer conclusiones sobre nuestra conciencia como especie. Hablaremos de dos, una ya demostrada y otra a la espera de comprobar su evolución definitiva.

Para estudiar la primera nos fijaremos en la opción de ciertos países, como EEUU, Gran Bretaña y algunos otros en cuanto a las medidas para afrontar la crisis vírica, precisamente los países con economías más liberales. El experimento al que nos ha sometido el coronavirus ha dejado a las claras una de inmundicias del capitalismo liberal: estos países han mantenido un discurso en el que lo que se protegía era la economía, no las vidas humanas. Es un modelo de pensamiento en el que, como en la ley de la selva, el débil sobra y en el que el crecimiento está por encima de todo, incluso por encima de la vida. Es el modelo saqueador, el que nos ha llevado a la situación actual y que, como hemos podido comprobar en este experimento, no duda en poner en riesgo la vida de millones de personas antes que retroceder un punto en su escalada de crecimiento. A pesar de lo terrible de esto tenemos una buena noticia: han sido muy pocos los gobernantes que han defendido este criterio y probablemente ninguno pueda mantenerlo frente a sus ciudadanos… buenas noticias para el Homo Consciens.

La segunda parte del aspecto social del experimento aún está en desarrollo. Se trata de demostrar si tenemos conciencia colectiva de especie. Es cierto que hemos demostrado una gran capacidad de cohesionarnos colectivamente. Todos hemos podido vivir cómo la mayoría de la población de nuestro país hemos colaborado en el confinamiento con un objetivo común, así como el tsunami de acciones comunitarias de apoyo y ayuda. También hemos podido comprobar cómo los colectivos que nos cuidan (servicios médicos, de seguridad, etc) y los que nos proveen de lo necesario no han dudado de seguir realizando su labor pese a los riesgos. Pero esto ha sucedido a nivel de una sociedad cerrada, a nivel de país, o sea, de “aldea” del Homo Sapiens. Hemos podido ver, sin embargo, mensajes de rechazo (por no decir de odio) de individuos de diferentes aldeas (normalmente políticos) y por tanto nos queda por ver si esa conciencia colectiva que hemos sabido demostrar en nuestra aldea sabremos ampliarla a la aldea global.

El coronavirus ha desenmascarado a un capitalismo liberal que protege el crecimiento por encima de la vida pero también ha despertado una conciencia colectiva que a punto está de convertirse en conciencia global de especie.

Tenemos probado que la ciencia acierta en sus predicciones y nos ayuda a superar nuestros obstáculos, que cambiar nuestro modelo de actividad puede mejorar enormemente el Medio y que las nuevas tecnologías nos pueden ayudar en el cambio de modelo. También ha quedado claro que algunos mandatarios aún defienden el modelo saqueador y de tribus pero que la mayoría de la población del planeta valora por encima de todo la vida…

estamos a un pequeño paso del Homo Consciens.

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