COEMPRENDIMIENTO, NUESTRO ALIADO CONTRA LOS OLIGOPOLIOS.

Hace unos días se presentó una nueva publicación del economista Santiago Niño Becerra. Un libro que dejará poco indiferente a nadie porque predice no sólo el fin del sistema capitalista sino también una serie de cambios poco alentadores en las próximas décadas.

Ni uno solo de los libros que he leído que trataban de anticipar cuál sería el modelo energético o el estado tecnológico de la energía acertó. Es más, erraban estrepitosamente. Y eso a pesar de que fueron escritos por expertos reconocidos no sólo a nivel nacional sino a nivel mundial. Y es que hay que pensar que el efecto acumulado de una desviación de, por ejemplo, un mísero 2% en la previsión de algún factor se convierte en pocos años en un 20%, cantidad más que suficiente para afectar de manera sistémica a todo el modelo energético.

Cuánto más si aparecen interferencias tan potentes como el efecto Greta Thunberg o la Covid 19. ¿Alguien podía predecirlas?

No veo que haya mucha diferencia en los libros sobre economía. Es más, los economistas siempre me han parecido esos profesionales necesarios para intentar vaticinar el futuro económico primero y saber explicar en qué se equivocaron en esos pronósticos después.

Ni uno solo de los libros que he leído que trataban de adelantar el futuro estaba en lo cierto.

Admiro a Santiago Niño pero no debería darle, entonces, demasiada credibilidad al libro que acaba de publicar. Incluso habiendo sido bastante acertada su predicción sobre la evolución de la crisis de 2007. No obstante, entre todas sus predicciones hay una en el que sí estoy de acuerdo: la concentración de capital, la creación de oligopolios y el subsiguiente vasallaje de los gobiernos.

Aunque he de reconocer que no tengo mucho mérito porque este es un proceso que, sobre todo en el sistema energético, lleva décadas evolucionando. Lejos quedaron los tiempos en los que el gobierno de los Estados Unidos obligó a dividir la compañía petrolera del Sr. Rockefeller por constituir un monopolio. Desde los años 70 la industria energética es, de facto y a sabiendas, un oligopolio.

Sólo estoy de acuerdo con Santiago Niño en la proliferación de oligopolios. Algo que en materia de energía ya es un hecho.

Los que estudiamos la energía y el modelo económico subyacente teníamos grandes esperanzas en la ruptura del sistema energético fósil y la entrada generalizada de las energías renovables…pero habíamos menospreciado el poder que ya había adquirido este oligopolio.

Y más aún en nuestro país. Ya pudimos contemplar hace unos años cómo las tarifas energéticas se establecían al amparo de los beneficios de las compañías productoras y cómo se ponía coto a las energías renovables para estirar un poco más el sistema fósil. Esta táctica no pudo resistir muchos años la presión social ante el cambio climático y finalmente el gobierno abrió la puerta a las energías renovables…pero también al oligopolio.

Así podemos ver cómo la cuota de energías renovables está creciendo gracias a gigantescas (e insostenibles) plantas fotovoltaicas, grandes parques y plantas de biomasa. El tipo de instalaciones que precisan del capital de las grandes energéticas y que, por supuesto, estas prefieren por economía de escala. Mientras en otros países, como Alemania, la fotovoltaica ha crecido gracias a su instalación en los tejados de los particulares (generando un beneficio ambiental y social real) en el nuestro no sólo no se pone coto a las dimensiones de estas plantas sino que el propio gobierno potencia su instalación con las ya famosas subastas de renovables.

El oligopolio tiene el camino allanado en nuestro país pero además ha aprovechado la pandemia para hacer lo propio en toda Europa. Así, a través de sus lobbies, ejercieron la pertinente presión para que la Unión Europea estableciera una ruta de cambio de modelo energético (y económico) basado en el hidrógeno y para apoyarla se prevén ingentes cantidades de euros que, de no cambiar nada, irán a parar a las empresas del oligopolio, aumentando su poder y anulando cualquier esperanza que podíamos tener de librarnos de sus cadenas.

La manera en la que se están implantando las energías renovables en España no están sirviendo para librarnos del oligopolio, sino para hacerlo más fuerte.

Pero ¿podemos hacer algo ante un poder tan fuerte?  La respuesta es sí.

Tenemos un gran aliado en la escalabilidad y simplicidad que suponen las energías renovables. La generación de energía antes de las renovables precisaba de grandes instalaciones, pero una placa solar se puede instalar en cualquiera de nuestros tejados. Casi todas las renovables aportan soluciones de bajo nivel de inversión.

El salto económico también juega a nuestro favor puesto que las grandes compañías deben sacar sus números en base al mercado mayorista mientras que los ciudadanos debemos tener en cuenta el coste en el uso final, mucho más elevado. Esto lo demuestra el gran éxito que está teniendo el autoconsumo fotovoltaico o la instalación de estufas de pellet, por ejemplo.

Pero aún hay un problema por resolver. Las grandes energéticas corren mucho y la potencia de cada una de sus instalaciones ya se cuenta por cientos de megavatios. Los ciudadanos deberíamos contar con organizaciones que nos permitan unirnos y aumentar de manera organizada, rápida y eficaz el cupo de instalaciones en manos de particulares. Y aquí es donde juega su papel lo que yo he denominado el coemprendimiento.

La simplicidad y funcionalidad para el usuario final de las energías renovables juega a nuestro favor, pero las grandes energéticas avanzan velozmente en la carrera por dominar la producción de energía.

Coemprendimiento es la cooperación económica entre personas que quieren conseguir un objetivo y otras que tienen la idea de cómo lograrlo y la capacidad de trabajo. Además, debe hacerse de manera horizontal (que ambas partes estén al mismo nivel) y con foco en los objetivos, no en el crecimiento empresarial. Este es el concepto que hemos puesto en marcha en Coompensamos.es, una startup (más concretamente una cooperativa 2.0) que reduce la huella de carbono de particulares y pequeñas empresas integrándolos en su negocio generándoles así, además, un beneficio económico.

En Coompensamos.es hemos creado una estructura horizontal que permite empoderar energética y económicamente a la ciudadanía y hacer crecer la potencia instalada bajo el control de particulares y pequeñas empresas de manera constante, ordenada y eficaz.

Las grandes energéticas y fondos de inversión se han lanzado a controlar el nuevo sistema energético y una de las pocas alternativas que nos quedan para no quedar a su merced es el coemprendimiento. No podemos pensar que a través de la adquisición de acciones o inversiones en fondos la ciudadanía se pueda empoderar, todos sabemos que la mayoría estamos fuera del círculo de decisión e incluso marginados de los resultados económicos. El coemprendimiento nos permite ser realmente protagonistas del nuevo modelo y que lleguen realmente a nuestros bolsillos los resultados económicos, pero además es una herramienta para no quedarnos sin nuestra cuota justa en la tarta energética puesto que permite a estos nuevos modelos de negocio crecer de manera continuada y no quedarse atrás en la carrera por instalar potencia renovable.

EL coemprendimiento es un modelo horizontal que nos permite librarnos del poder del oligopolio energético y ser protagonistas y beneficiarios reales de la transición energética.

Homoconsciens y Coompensamos. Por una transición eficaz, real y justa.

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